| LA CRISIS ECONÓMICA LLEGA A ESPAÑA |
¿Está España preparada para la crisis?HACEN FALTA RESPUESTAS ANTE LA CRISIS MUNDIAL POR RICARDO ANGOSO
En unos pocos meses, y de una forma súbita, la crisis se hizo presente en nuestro país y todos los indicadores macroeconómicos comenzaban a mostrar la gravedad de la misma. Recortes en las plantillas de las grandes empresas, aumento del desempleo, cierre de grandes y pequeños consorcios inmobiliarios, anuncios de próximos despidos y aumento en el índice de morosidad en los pagos crediticios, por citar algunos elementos, anunciaban que el país se hallaba inmerso en una crisis económica que no por anunciada dejaba de lado a España. ¿Qué hacer ante la crisis económica? Hacen falta medidas audaces y rotundas Las grandes economías del mundo, entre ellas la de Estados Unidos, han reaccionado ante la crisis invocando el necesario intervencionismo del Estado ante la magnitud de los fenómenos que estaban acaeciendo. El ejecutivo norteamericano, abandonando décadas de férreo y militante neoliberalismo, pasó a abanderar una estrategia de apoyo financiero a las grandes corporaciones financieras que después secundó la Unión Europea (UE). El Estado, entonces, se situaba en el centro de la crisis y en una herramienta ya indispensable para superar la misma. Pero, sin embargo, ni siquiera esos paquetes de medidas intervencionistas servían para detener la sangría, animar los mercados y paliar los efectos negativos provocados por la crisis. Porque, quizá, el Estado debe actuar de una forma menos tenue y vacilante, interviniendo también en la administración, la gestión de los créditos y los beneficios de vértigo que reciben los consejos de administración y los altos ejecutivos; los Estados deben ayudar a superar la crisis, pero no pueden ser parte cómplice en su pésima gestión y en el desarrollo de unas malas políticas empresariales que precisamente nos ha llevado a esta situación. Los grandes consorcios y bancos han actuado de una forma poco profesional, sus ejecutivos han percibido altos beneficios por un desempeño dudoso en sus tareas y son los responsables últimos de una crisis que hubiera demandado una mayor mesura en el gasto y en la dirección de sus empresas. Y ahora nos toca pagar a todos sus errores. España necesita grandes reformas estructurales para ser competitiva Y en España ¿qué hacer? Hacen faltas medidas de choque, eficaces y rotundas, el Gobierno no puede seguir optando por políticas autistas o de una timidez pavorosa para la gravedad del momento que padecemos. Se necesitan medidas más audaces y radicales que caminen hacia una mayor competitividad de la economía española. Nuestra administración es más propia del tercer mundo que de un Estado moderno, europeo y democrático. Tienen que implementarse mejoras en la administración del gasto y en las inversiones públicas que puedan redundar en beneficios para las empresas en términos de mejor infraestructura, personal más preparado, reducción de la corrupción y estabilidad política. También se echa en falta una reforma rotunda de nuestra administración de justicia, pues es una de las instituciones peor valoradas por los ciudadanos. Los procesos judiciales son lentos y engorrosos, los funcionarios aseguran que no tienen medios humanos ni técnicos para atender eficazmente los servicios jurídicos, ¿pero se trabaja realmente con eficiencia e interés? ¿Existen mecanismos de control de la calidad de los funcionarios que desempeñan esas misiones? Otro aspecto que se echa en falta es la simplificación de los trámites para crear empresas y hacer negocios. En España se tarda 47 días en crear una empresa a diferencia de Australia o Estados Unidos que se tarda apenas dos días. Diez ventanillas, decenas de burócratas ignorantes, trámites complejos y largos, esa es la realidad de un país que se halla, junto con Portugal, a la cola de los países miembros de la UE en la agilidad para crear empresas y empleo. Dinamarca crea empresas en cinco minutos, mientras que en España uno necesita casi ¡siete semanas! Luego está el asunto de la productividad. En España se trabaja poco, mal, caro y con escasos resultados. Los costes laborales son altísimos para los resultados que se generan. Hay un constancia, según un estudio del profesor Juan Francisco Jimeno, que la producción por trabajador en España es el 60% de uno de Estados Unidos y el 85% de uno de la UE. Los trabajadores españoles son ruinosos, en términos de costes laborales, para las grandes multinacionales y esa es una de las causas de la deslocalización. Los trabajadores españoles trabajan de media 1.820 horas al año, frente a las 1.600 de media en Europa, un 13% más. Sin embargo, producen un 15% menos. Un trabajador español produce en una hora un 25% menos que un norteamericano y un 15% por debajo de un europeo. La paradoja es que trabaja más que los europeos y prácticamente lo mismo que los americanos. Esta baja productividad explica que, de promedio, la renta per cápita sea un 40% inferior a la norteamericana.Así se desprende del informe elaborado por la Fundación BBVA bajo la dirección de Francisco Pérez, donde alerta que “más de la mitad del retraso de la renta per cápita respecto a Europa y EE. UU. se debe a la menor productividad por hora trabajada”. Incluso en competitividad tecnológica, tal como se desprende en un informe sobre Tecnologías de la Información realizado por el Foro Económico Mundial muestra el retroceso de España y la sitúa en el puesto número 31, cuando en el informe de 2004 ocupaba la posición 29. El primer puesto lo ocupa Estados Unidos, seguido de Singapur, Dinamarca, Islandia, Finlandia, Canadá, Taiwán, Suecia, Suiza y el Reino Unido. Así las cosas, y como se ve, hace falta menos autocomplacencia y más capacidad critica para analizar las cosas; una evalución objetiva del verdadero impacto de la crisis económica en una estructura que se está revelando como poco competitiva, escasamente internacionalizada y con una serie de lacras que necesariamente tendrán que afrontarse sino queremos quedarnos al margen de una economía internacional que demanda esos cambios. A no ser, claro está, que prefiramos mirar para otro lado mientras el destino nos deparará un seguro futuro mediocre en el orden económico europeo e internacional. |












