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ENTREVISTA A JORGE MORAGAS SECRETARIO DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL PARTIDO POPULAR: Jorge Moragas es, pese a su juventud, uno de los hombres de confianza de Mariano Rajoy. Diplomático, curtido en política, diputado por Barcelona y con experiencia en Moncloa, donde trabajó con José María Aznar durante sus primeros años como presidente de Gobierno, Moragas representa la nueva generación de líderes del Partido Popular y una de las principales apuestas de esta formación política para esta nueva andadura, tanto como Secretario de Relaciones Internacionales como Coordinador de la Presidencia de la ejecutiva. También está vinculado al centro de pensamiento y reflexión del Partido Popular, Faes, y es uno de los grandes conocedores, dentro de esta partido, de la realidad de América Latina. Titulares: "El problema es que Europa no termina de asumir la responsabilidad que supone pretender ser una verdadera potencia mundial; la transferencia de soberanía a las instituciones europeas está inconclusa y las transformaciones geopolíticas que impulsa la nueva globalización nos han cogido en plena mundanza de los tradicionales poderes del Estado a una entidad supranacional como la UE" "El Gobierno no ha identificado correctamente la transcendencia de la encrucijada latinoamericana, en donde se presenta un dilema que confronta dos maneras diametralmente opuestas de entender la organización política. El neocomunismo liderado por Chávez o la racionalidad prooccidental que lideran países y líderes homologables como México, Brasil, Colombia e incluso Chile. El Gobierno de España no se ha atrevido o no ha querido reconocer una realidad incómoda" "La respuesta del Gobierno a la crisis económica ha sido inexistente, si exceptuamos el envoltorio propangandístico que ha acompañado a algunas medidas que, además, se han demostrado obviamente como ineficaces"
Por Ricardo Angoso Ricardo Angoso:¿Qué balance haces del congreso del Partido Popular, cómo lo valoras en términos generales? Jorge Moragas: El debate precongresual fue muy intenso, pero a la vez muy enriquecedor para un partido tan grande como el Partido Popular. Y de este debate tan rico ha surgido una nueva dirección para el partido renovada, con una nueva estructura y con las pilas cargadas de ilusión para preparar el cambio político en España. R.A.:¿Qué ofrece como alternativa que le diferencie el PP al PSOE, hay algo distinto en el discurso y en el programa? J.M.: Nosotros tenemos un código genético en términos de valores e ideas completamente diferenciado del partido socialista. Para sintetizar, esa diferencia nos señalaría con el valor de la libertad como el motor del progreso y como eje inspirador de unas políticas concretas en los distintos ámbitos. En el caso de la política exterior este principio nos obliga a hacer planteamientos en consonancia con países y gobiernos que compartan ese mismo eje. R.A.: ¿Y frente a la crisis, crees que las recetas del PSOE y de su Gobierno frente a la misma han sido las adecuadas, cómo las juzgas? J.M.: La respuesta del Gobierno ha sido inexistente, si exceptuamos el envoltorio propangandístico que ha acompañado a algunas medidas que, además, se han demostrado obviamente como ineficaces. Pero lo más censurable ha sido el engaño masivo que ha pretendido el Gobierno al ocultar bajo la alfombra la crisis y su gravedad por razones meramente electorales. Aparte de todo ello, nosotros hemos hecho propuestas concretas ante la crisis que han sido ignoradas; nadie, por tanto, nos puede acusar de falta de actitud constructiva. Al Gobierno lo que le pedimos desde el PP y creo que la mayoría de la sociedad española es menos crispación y más gestión. LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA R.A.: Te atreverías a hacer un balance de lo que ha sido la política exterior de los socialistas, ¿cuál sería el resumen que haces de la misma? J.M.: La primera parte de la gestión socialista en política exterior se ha caracterizado por lo que yo denomino como diplomacia del cangrejo, que consistió en desandar, fundamentalmente, la senda transitada por los gobiernos del Partido Popular. Ese era el leif motive de esa política exterior, y el resumen de todo aquello es que nos condujo a uno de los períodos más negativos de la política exterior en democracia. Perdimos la interlocución al más alto nivel con la Casa Blanca; ese es un agujero negro que todavía no se ha corregido. Zapatero, ya sea por convicción o por necesidad, despreció la oferta de pacto de Estado del PP y prefirió encadenar una serie de decisiones en materia de política exterior con fuerzas políticas radicales o que, en todo caso, nunca se han distinguido por defender el prestigio de España en el exterior. R.A.: ¿Cuál es la razón por la que se ha producido ese "divorcio" entre el ejecutivo español y la administración norteamericanas, tienes alguna explicación para este claro enfriamiento en las relaciones entre ambos países? J.M.: Creo que esa relación se hubiera salvado aún manteniendo la salida de las tropas de Irak, pero lo que nuestros aliados norteamericanos no perdonan a Zapatero es que se alentase la salida de todas las tropas y países de este escenario. Hubo un ensañamiento diplomático y el hecho de que se alentase, como he dicho antes, al resto de los aliados para que se abandonasen a los Estados Unidos de América en un escenario de conflicto realmente complejo. Los acuerdos sobre material de defensa con dirigentes como Hugo Chávez y la marginación de los disidentes cubanos en distintos ámbitos oficiales, por no hablar de otras cosas, son cuestiones que tampoco han ayudado en demasía a mejorar las relaciones. R.A.: También se detecta un menor peso de España en el Mediterráneo, región donde nuestro país lideraba desde el Proceso de Barcelona, ¿no crees que es así? J.M.:Este asunto está claramente relacionado con lo que ha hecho España en Europa y que es lo que yo denomino como diplomacia contemplativa. Es decir, contemplar los acontecimientos sin capacidad de reacción y de iniciativa, simplemente sumándonse a las estrategias diseñadas por nuestros socios. Nos endosamos gratuítamente a otras iniciativas a cambio de una foto. Así ha ocurrido en el Mediterráneo, donde el legado Aznar-González desde el Proceso de Barcelona ha sido sustituido por el sello de la Francia de Sarkozy. Hemos perdido peso, eso está claro. R.A.: ¿Y cómo juzgas la política exterior española hacia América Latina? J.M.: El Gobierno no ha identificado correctamente la transcendencia de la encrucijada latinoamericana, en donde se presenta un dilema que confronta dos maneras diametralmente opuestas de entender la organización política. El neocomunismo liderado por Chávez o la racionalidad prooccidental que lideran países y líderes homologables como México, Brasil, Colombia e incluso Chile. El Gobierno de España no se ha atrevido o no ha querido reconocer una realidad incómoda. LAS RELACIONES DE EUROPA CON RUSIA R.A.:¿Cómo evalúas la reciente crisis de Rusia con Georgia? ¿Te atreverías a sintetizar las posibles consecuencias de estas crisis, tanto para Europa como para las relaciones del mundo occidental con Rusia? J.M.:Lo ocurrido de pone de manifiesto una nueva realidad inquietante que consiste en una nueva volatilidad del derecho internacional. Principios como soberanía nacional, integridad territorial, han sido pisoteados sin que Occidente haya activado mecanismos de respuesta contundentes. Incluso en el caso de Kosovo existe una responsabilidad que arrastra a aliados nuestros que tomaron decisiones erróneas. Fue un error, y hay que decirlo, el reconocimiento unilateral de una independencia que afectaba a un territorio soberano que estaba bajo mandato de las Naciones Unidas. Sin duda, una Rusia inmersa en el síndrome posimperial no ha dudado en aprovecharse de ese precedente y lanzar un ordago a Occidente. La cumbre de la OTAN en Bucarest fue interpretada por el Kremlin como un semáforo en ámbar para llevar a cabo una acción ilegal como fue la intervención estival en Georgia. El problema es que Europa no termina de asumir la responsabilidad que supone pretender ser una verdadera potencia mundial; la transferencia de soberanía a las instituciones europeas está inconclusa y las transformaciones geopolíticas que impulsa la nueva globalización nos han cogido en plena mundanza de los tradicionales poderes del Estado a una entidad supranacional como la UE. Por tanto, hay que dar nuevas respuestas a estos nuevos desafíos en la política internacional, como el reto energético. R.A.:Siguiendo con las cuestione europeas, ¿cuál es el papel que tendrá Turquía en el nuevo escenario europeo? ¿Dentro o fuera de la UE? J.M.: Turquía es un país mediterráneo, un miembro de la Alianza Atlántica y con quien la UE coopera en muchos ámbitos, aunque debe hacerlo en más. Nosotros respaldamos las negociaciones para la adhesión, pero bajo el estricto cumplimiento de las condiciones fijadas por la UE en su momento. Entendemos que sería una irresponsabilidad aligerar esas condiciones en un momento en que él que Europa está inmersa en un proceso de redefinición de la identidad europea y de sus propios mecanismos de funcionamiento interno. EL FUTURO DE EUROPA R.A.: ¿Cuáles son los limites territoriales de Europa, cómo quedará el diseño del mapa final de la UE? J.M.:Es increíble el poder de atracción que genera la UE en todos los Estados que están en la periferia y que alumbró, en su momento, la caída de la Unión Soviética. Pero la clave del éxito de la UE es consolidar los cambios internamente. No se puede cerrar la puerta a ese mundo, pero tampoco se les puede engañar, ni podemos engañarnos a nosotros mismos, diciendo que somos iguales. Lo más importante para que la UE siga siendo atractiva en un escenario de globalización es que siga cumpliendo sus compromisos y no caiga en el error de decirle a todo el mundo lo que quiere escuchar. R.A.: Incluso Ucrania llama a la puerta...¿Tiene que haber límites políticos o geográficos a la ampliación de la UE? J.M.: Europa al día de hoy acaba en las fronteras de los 27, de la UE. Europa lo que debe hacer es conseguir que ese marco se consolide mientras el Tratado de Lisboa se encuentre en el limbo político, los cantos de sirena hacia ese mundo son un ejercicio retórico de que muy poco tiene que ver con lo que realmente es posible. R.A.:Finalmente, ¿cuál es a tu juicio el futuro de esta UE que está inmersa en una cierta crisis? J.M.:Yo creo, sinceramente, en la profundización del proceso de integración europeo. Creo que los grandes desafíos a los que estamos expuestos los europeos nos exigen, nos guste o no, unir nuestras fuerzas, homogeneizar nuestra legislación y dar respuestas desacomplejada a los retos que tenemos por delante, que son muchos desde luego. Necesitamos una economía competitiva y homogénea; un modelo energético razonable y sostenible; una política de inmigración realmente común y, finalmente, una política exterior firme y claramente alineada en la defensa de nuestros principios y valores occidentales; ese, en resumen, el modelo que nosotros defendemos para Europa. |